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La extraordinaria vida de Sir Francis Burton

Richard Francis Burton (Torquay, Inglaterra, 19 de marzo de 1821 – Trieste, Imperio Austrohúngaro, 20 de octubre de 1890), fue un cónsul británico, militar, explorador, traductor y orientalista, antropólogo, que además cultivó ocasionalmente la poesía y que consiguió la fama por sus exploraciones en Asia y África, así como por su extraordinario conocimiento de lenguas y culturas. Hablaba veintinueve lenguas europeas, asiáticas y africanas.

Vivió en la India durante siete años, donde tuvo ocasión de conocer las costumbres de los pueblos orientales. Completó los mapas de la zona colindante al Mar Rojo por encargo del gobierno británico, interesado en el comercio con la zona. Viajó en solitario para conocer la Meca, para lo que se disfrazó de árabe, proeza sobre la que él mismo escribió en The Pilgrimage to Al-Medinah and Meccah (Mi peregrinación a la Meca y Medina). A él se debe la primera traducción integral al inglés de Las mil y una noches y del Kama Sutra, así como una brillante traducción del poema épico y clásico portugués Os Lusíadas, de Camoens. Junto a John Hanning Speke viajó a África donde descubrió el lago Tanganica.

Viajó también por los Estados Unidos, donde describió la comunidad mormona en su libro The City of the Saints, y parte de Brasil. Fue cofundador de la Sociedad Antropológica de Londres junto al Dr. James Hunt. Fue denostado por la puritana sociedad británica de su época por mantener puntos de vista poco ortodoxos sobre la sexualidad femenina y la poligamia así como por haberse casado con una ciudadana católica, Isabel Arundell. Fue cónsul británico en la isla africana de Fernando Poo, en Santos (Brasil), Damasco (Siria) y Trieste (Italia), y fue nombrado caballero en 1866.

La familia de Burton viajó bastante durante su infancia. En 1825 se mudaron a Francia (Tours, Orleáns, Blois, Marsella) y luego a Italia (Livorno, Pisa, donde el joven Burton rompió un violín en la cabeza de su profesor de música, Siena, Perugia, Florencia, Sorrento y Nápoles, sin mencionar las excursiones de una o dos semanas a otras ciudades); en Nápoles los hermanos Richard y Edward visitaron su primera casa de lenocinio. La primera educación de Burton la recibió de varios tutores contratados por sus padres, mostrando desde muy pronto una gran facilidad para los idiomas: aprendió rápidamente francés, italiano y latín. Se rumoreó que en su juventud tuvo una aventura con una joven gitana (romaní) llegando a aprender los rudimentos de su idioma. Esto quizá podría explicar por qué fue capaz de aprender más tarde el hindi y otras lenguas indostánicas con una rapidez casi sobrenatural, ya que el romaní está relacionado con esa familia de lenguas.

Las idas y venidas de su juventud pueden haber inducido a Burton a considerarse a sí mismo como un extranjero durante buena parte de su vida.

Richard Burton publicó cuarenta y tres volúmenes sobre sus expediciones y viajes; escribió dos libros de poesía, más de cien artículos y una autobiografía de 143 páginas. Además tradujo en dieciséis tomos rigurosamente anotados Las mil y una noches, seis obras de literatura portuguesa (incluyendo el clásico poema épico Os Lusiadas, de Camoens), dos de poesía latina (las Elegías de Catulo, los Priapeos) y cuatro de folklore napolitano, africano e hindú; todos conservan abundantes anotaciones que atestiguan su erudición. Tal vez el mejor retrato de la personalidad de Richard Francis Burton se hiciera en el artículo necrológico de James Sutherland Cotton para la revista Academy:

Le gustaba considerarse antropólogo y, al utilizar este término, lo que quería indicar era que consideraba como su terreno todo lo concerniente a hombres y mujeres. Se negaba a admitir como vulgar o sucia cualquier cosa que hiciesen los humanos, y se atrevía a escribir (para que circulasen de manera privada) los resultados de su extraordinaria experiencia… Todo lo que decía y escribía llevaba el sello de su virilidad… No escondía nada; no alardeaba de nada… Sus íntimos sabían que Burton era más grande que lo que dijera o escribiera.

No escondía nada; no alardeaba de nada.

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